Yo jugué al rugby…
Yo, que jugué al rugby cada tarde de sábado gris y plomizo, tardes de aceite verde, moretones, esfuerzo y sudor, aún huelo el verde del césped y mi mente se pierde en mil recuerdos.
Del rugby aprendí una valiosa liturgia, útil bagaje para el resto de la vida cotidiana. Aprendí que quince empujan más que uno, pero que si uno no empuja, el resto lo nota. Aprendí a callar, a bajar la cabeza con respeto sin sentirme menos que nadie, a ser honesto y a vaciarme para quedarme lleno.
Aprendí a saber aceptar sin quejarme; a no resignarme; a trabajar para saber lo que cuesta ganar un metro en silencio, y lo fácil que es perder diez por no saber callar. A respetar las decisiones de una forma férrea; a aplaudir los errores de mis compañeros, que también son los míos; y sobre todo, a levantarme cien veces.
Si alguna vez jugaste al rugby, siempre serás miembro de una familia sin fronteras, con una lengua, un pensamiento y una visión común. Da igual el lugar del mundo, ya no habrá barreras.
Rafael Muñoz Abad del Club de Rugby La Laguna – Islas Canarias